Cómo saber cuándo nos están “vendiendo humo”

Este post no es para todo el mundo. Si estás dispuesto a escuchar una voz crítica en todo lo que se está moviendo dentro del mundo de la nutrición y que lleva el prefijo “super-” entonces ponte un café que tengo algo que contarte.

Puede que lo que cuente aquí te vaya a incomodar, si empiezas a sentirte así, no sigas leyendo. Mi intención no es hacerte pasar un mal rato, sino arrojar luz en algo tan serio como es la alimentación.

Desde hace tiempo me he dado cuenta de que “todo vale” con tal de vender y sobre todo, de vender mucho. Y por alguna extraña razón he decidido ser la voz que te dice que no, que no todo vale.

Presas del buen marketing y la necesidad de ser saludables

El bombardeo que recibimos a diario, por todos los medios habidos y por haber, para que compremos el superalimento de moda es brutal
Por suerte, en el mundo de la nutrición no hace falta ser un profesional sanitario o una eminencia en el campo de la salud para darse cuenta de que muchos productos que se venden en supermercados y grandes superficies encierran grandes cualidades. Esas cualidades tienen que ver con la capacidad que tiene la empresa de vender su producto, más que del producto en sí.

El bombardeo que recibimos a diario, por todos los medios habidos y por haber, para que compremos el superalimento de moda es brutal. Y solo te das cuenta de ello cuando, o bien compras todo lo que se empiezan a tomar los influencers (y venden las revistas de moda) que prometen algún tipo de desintoxicación para tu cuerpo, una pérdida de peso o una mejora en tu rendimiento o sueño; o bien NO compras nada de eso y tu nevera se llena menos de alimentos que de empaquetados.

El caso es que resulta evidente que dejarse llevar y comprar todas las novedades que, supuestamente, nos van a aportar un plus a nuestra vida tiene sus consecuencias:

  • Sufre el bolsillo: está comprobado que comer insano es más barato que comer sano. Si a eso le sumas el hecho de que esgtás vendiendo un producto sano que tiene un fuerte plan de comunicación y marketing detrás para que te enteres de que existe, la cosa se dispara por las nubes. Personalmente, aunque me puedo permitir comer sano todas las semanas, he prescindido de probar ciertos superalimentos porque el precio de éstos y la cantidad que traen me parecen un verdadero abuso.
  • No puedes estar seguro de que sea cierto todo lo que dice: es uno de los aspectos que más me preocupan a la hora de valorar un producto “novedoso” que últimamente podemos identificar como “superalimento”. En realidad, el hecho de que sea novedoso, al menos en occidente, implica que no se hayan realizado los estudios correspondientes para comprobar si los beneficios que aporta son ciertos. Luego hablaré de los productos que sí aportan estudios de dudosos criterios. Al final uno terminas comprado engañado.
  • Piensas que para estar sano o radiante hacen falta esas cosas: es la imagen que nos venden, que para acabar con nuestros problemas, para concentrarse más, conciliar el sueño o lucir la piel más limpia y reluciente necesitamos cosas que vienen del otro extremo del mundo. Uno se va a casa con una bolsa llena de cosas con las palabras “bio”, “eco” “superfood” y piensa: “Sí, yo me cuido”. Pero luego a la hora de la verdad, me tomo un Gin Tonic, una copa de vino o unas patatas fritas porque hay que mimarse. Para estar sano no se suman puntos consumiendo de lunes a viernes superalimentos y el fin de semana de desface. Y tampoco hacen faltan todas esas cosas.

dieta sana y superfoods

Con todo esto, uno puede optar por la postura más pragmática y decir:

Bueno, a mí me da igual todo esto, tengo el dinero para comprar todo eso, lo pruebo y veo cómo me sienta…

O bien puede estar pensando:

“Si todo esto es cierto, ¿Cómo puedo darme cuenta cuándo me están vendiendo algo que solo responde a intereses comerciales y no me va a aportar nada?”

Si te has preguntado esto último, puedes seguir leyendo 🙂

Cómo identificar los vendehumos

Hay una serie de características que comparten todos los superalimentos y productos que salen a la venta como novedad para lograr un objetivo concreto y estas son:

Tienen “El” componente o una serie de ellos que obran “El Milagro”

Consumir estos productos puede ser sano, pero no por hacerlo se es más sano
Ejemplos como la cetona de frambuesa, aceite de coco, té verde, espirulina (alga verde), quinoa… ¿Te suenan? Lo sé, de algunos de estos alimentos/productos hay estudios muy extensos que sí han probado efectos como es el caso del té verde y de hecho, los estudios del té verde se usan para justificar las propiedades del té matcha ¿Eso lo saben quienes compran este último? NO.

¿Conclusión? Hay que andarse con cuidado, consumir estos productos puede ser sano, pero no por hacerlo se es MÁS sano si uno ya nutre su cuerpo con mucha fruta, verdura y granos enteros y proteínas procedentes del mercado de la vuelta de la esquina.

Aportan una lista “interminable” de beneficios

El principal aporte de estos productos siempre guardan relación con el peso (el gran problema que sufre las sociedades occidentales), con el estrés (otra gran epidemia), con el sueño y el aspecto físico.

¿El tomate que compro en la frutería y que llega de Almería no es lo suficientemente antioxidante o es que es menos superalimento?
Osea que lo mejor es que los argumentos para consumirlos no es aportar una variedad a tu alimentación, sino beneficiarte de cosas que podrías mejorar si hicieras otros ajustes en tu vida que puede ser: una dieta equilibrada, ejercicio físico regular, técnicas de control de la ansiedad y el estrés, por poner ejemplos.

No te fíes de todos los beneficios que se presentan. En alimentos como el açai o las semillas de chía, muchas cosas de las que dicen son verdades a medias. Y yo me pregunto, ¿El tomate que compro en la frutería y que llega de Almería no es lo suficientemente antioxidante o es que es menos superalimento?

Te lo venden en formato concentrado para justificar su precio

Esto es lo que más gracia me hace y pasa en gran parte de los llamados “superalimentos” que vienen en forma de producto. La cetona de frambuesa se vende en cápsulas para adelgazar porque, según cuentan, haría falta comer muchas frambuesas para que, presuntamente, nos haga efecto.

De ahí la “preocupación” de los laboratorios de extraer la fórmula, encapsularla y venderla en un bonito paquete. Hoy en día podríamos consumir absolutamente todo en forma de pastilla, ¿por qué no? Es más práctico. El problema es que es caro e innecesario en la mayoría de los casos.

Algunos aportan estudios para darle seriedad al tema

Resulta incoherente que un “superalimento” sea novedoso y salga a la venta con estudios sólidos
Y aquí la cosa toma un cariz triste y a la vez indignante. Aún no he encontrado estudios de un solo “superalimento” que no esté financiado por el propio país productor (como es el caso del açai), por la empresa que lo comercializa (como ocurre con las semillas de chía y un estudio que rula por ahí) o por un equipo de científicos que han recibido financiación para ese estudio u otros.

Hay que andarse muy “al loro” y pensar que para que un estudio sea fiable tiene que cumplir ciertos requisitos que se explican en el siguiente vídeo.

Y yo quiero añadir que resulta incoherente que un “superalimento” sea novedoso y salga a la venta con estudios sólidos que lo respalden: hacen falta años, muchas pruebas y muestras para conocer sus propiedades y reacciones en el cuerpo humano.

Otros productos que se venden como “la fórmula que combate tus problemas” y “el de un amplio mercado” aportan otro tipo de argumentos de autoridad. Concretamente, el de personajes famosos como es todo lo relacionado con la marca Herbalife.

El otro día en el trabajo escuché que a una compañera le intentaron vender los batidos de Herbalife y como argumento de venta utilizaron eso de que Cristiano Ronaldo los consume. Pues nada, ahí voy yo que también quiero ser guapa, rica y famosa… ¿De verdad nos quieren tomar el pelo así? A juzgar por los comentarios que recibimos a diario en este vídeo de esta marca, lo mismo sí.

Tampoco me olvido los argumentos de que hay médicos o Premios Nobel que “apoyan” que un producto sea beneficioso para tu salud. El caso Herbalife también encaja en estas falacias ad verecundiam pero también hay dietas como la Pronakal apoyada por sanitarios como si no se supiera que profesionales irresponsables y sobornables hay en todos lados.

A lo mejor me repito más que el ajo cuando te digo que si consumes alguno de los productos que he citado, no pretendo criticarte. Pretendo arrojar una visión crítica a todo el marketing que encierran los productos de los que he hablado a lo largo del texto.

Yo misma consumo quinoa en casa, me tomo una ensalada de espirulina en una japonés o he probado los efectos del té verde para aumentar mi rendimiento en los entrenamientos. Solo que antes de comprar me informo bien y por suerte, hoy en día tenemos blogs y profesionales en redes sociales que no ponen su carrera al servicio de las marcas y nos cuentan las cosas como son. Una servidora, desde su humilde blog, quiere aportar su granito de arena y visión de este circo nutricional.

Sarah Santiago

Periodista y deportista. Entrenar para mí es una necesidad anímica y física. Disfrutar haciendo cualquier deporte es el resultado por el cual muchos se sorprenden de mi pasión por él.

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