El porqué es un momento importante para ti (y para mí)

Hay muchas maneras de afrontar estas fiestas. La más recurrida es la de reunirse con la familia alrededor de una mesa. Pero también es un momento de recogimiento y de reunirse con una misma.

Aquí estoy otra vez. Con una sinusitis que dan ganas de arrancarse la cabeza y que me tiene en dique seco. Con la diferencia que estoy con los míos y no puedo negar que las cosas son más fáciles cuando tienes cerca el calor de la familia.

Antes de entrar en materia, verás que me he puesto en “modo blogger” de moda para enseñaros una de las camisetas que me han hecho llegar desde Cero Límites. Ya sabes que esto no es usual en mí, que me cuesta posar, pero me apeteció mucho colaborar tanto con José Manuel Álvarez como con Enhamed Enhamed (creadores de la marca) debido al fondo que tiene su proyecto.

Se trata de camisetas con mensajes que son toda una declaración de intenciones y de estilo de vida. La que llevo puesta en las fotos dice “Break your wings trying” (Rómpete las alas intentando) y la escogí porque soy de las que cree que la libertad tiene un precio, uno bastante alto, pero cuando consigues volar, la sensación merece la pena al final de todo.

cero limites camiseta

Ahora bien, todo esto está muy bien, pero ¿la camiseta merece la pena? Sí, y te garantizo que no te lo diría si de aquí en adelante no la fuera a usar a diario y sino me gustaran de verdad (esto es algo que no puedo dejar de decirlo porque muchos me escriben diciéndome si las cosas que digo las digo digo por compromiso o porque me han pagado o algo así, pero no es el caso). Como decía, lo cierto es que son de buena calidad y lo que más me gustó es que tienen un corte precioso, actual y apetece ponérsela. No hay más que verme jeje

En la web de Cero Límites verás que también hay línea para hombre y se pueden comprar online. Que por cierto, en esta semana de locura buscando regalos, aquí va una idea: hasta este domingo a las doce tienes un descuento del 10% con el código SARAHS. No digo más 🙂

Ahora sí, vamos con diciembre.

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Estamos en pleno mes de instropección. No me digas que tú de instrospección nada de nada, porque hasta Facebook se encarga de hacer balance de cómo has pasado el año. Lo de echar la vista atrás no es solo para los nostálgicos, sino para cualquiera que tenga un mínimo sentido de autoreflexión.

Sentarse a hacer balance te permite modificar el rumbo que vas a tomar de aquí en adelante. Es una obviedad: si pones en una lista todo lo que has podido hacer o has conseguido en los últimos 12 meses y lo que no, podrás saber qué tienes que hacer para seguir avanzando.

Sí, me refiero a los propósitos. Eso de lo que tanto se está hablando por estas fechas y que no solo debería quedar escrito en una hoja de papel o peor aún, encerrado en un tarro de cristal.

Con la de cosas que tenemos a nuestro alrededor que nos distrae, cosas que nos saca de la atención a diario, cada minuto, en cualqueir parte… ¿cómo vas a pretender conseguir tan solo uno de tus objetivos sino lo tienes tatuado en tu frente?

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Por eso a mí me gusta tener mis propósitos muy presentes, muy visibles. Si puedo, respirarlos a diario. Y todo porque soy muy despistada, a veces ando más en mi cabeza que en la tierra y me da por desviarme del camino. Así que nada de tarros de cristal con mis ilusiones encerradas.

Volviendo al tema de hacer balance, a nivel deportivo, este ha sido uno de los años en los que más me he sorprendido a mí misma. Si me lees de hace un tiempo habrás comprobado que he podido cerrar el año con dos media maratones en mis piernas, mis primeras medias distancias: la de Málaga y la de Tenerife.

Ponerse en una situación incómoda reporta beneficios
He pasado de quejarme a diario de tener que salir a correr, de remolonear cada vez que tenía que atarme las zapatillas y de preguntarme en cada serie por qué me sometía a “este sufrimiento” a desear el momento en el que podía salir por la puerta para sentir, otra vez, la sensación de volar con mis piernas.

Sé que esto último suena cursi, muy cursi. Pero lo pienso de verdad.

Al final esto demuestra que en muchas ocasiones ponerse en una situación incómoda reporta beneficios. Llámalo salir de la “zona de confort” o simplemente, emperrarte en hacer cosas que se te dan mal o no te terminan de molar solo porque quieres probarte a ti misma.

Para mí este cambio que se ha producido en mi forma de afrontar el tema de correr solo se puede resumir en una palabra: evolución. Creo que se puede vivir el deporte de dos maneras:

  1. Con fines cuantificables: entrenar para conseguir una marca, un peso, un porcentaje de grasa…
  2. Con fines no cuantificables: entrenar para sentirse bien, para crecer, para ser feliz.

Hay quien me dirá que, bueno, una cosa no quita la otra. De hecho, es verdad que quien consigue llegar al número que tanto buscaba se siente feliz. Es verdad.

Pero no es lo mismo que tu felicidad sea consecuencia de los números a que sea al contrario: que consigas una marca porque entrenar a diario te hace desmesuradamente feliz. En esta última situación llegas casi sin darte cuenta.

Todo se resume en disfrutar del camino
A fin de cuentas, todo se resume en disfrutar del camino. Una expresión muy manida ahora que el coaching lleva un tiempo de moda, pero no se puede negar que cuando se consigue hacer con alegría cada una de las cosas que haces, parece que la vida sea más ligera. Parece que vas en “modo tirada larga” todo el tiempo.

Eso de que debemos de aprender a disfrutar del camino es un arma de doble filo. También existe el dolor, también debemos prestarle atención a nuestro sufrimiento. Hay que reconocer que no se puede vivir en el disfrute todo el tiempo. El libro de “Correr y meditar” lo dice rotundamente:

“El dolor nos da carácter. Podríamos decir que el 50% de la vida es dolor, y si no nos relacionamos con él, estaríamos ignorando la mitad de nuestra vida. La relación con el dolor nos hace más intrépidos y felices”.

 

Dicho esto, nada que añadir.

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En fin, ahora que lo pienso, aparte de las medias no he hecho más carreras, pero no me extraña. Y es que a nivel personal el crecimiento ha sido exponencial.

Lo he dicho mil veces en este blog: es importante irse a la cama sintiéndote orgullosa de ti misma por, al menos, una cosa que hayas hecho ese día. No tiene que ser algo grandioso, puede ser implemente cumplir con tu entrenamiento cuando tenías cero ganas y hacía un día de perros.

También puede ser simplemente haberte dado a la vagancia, cosa para sentirse orgullosa si eres de las que no se da un respiro. Suele ser mi caso, aunque en estos últimos doce meses he aprendido cuán importantes son los momentos de tirarse en cualquier sitio a hacer la fotosíntesis.

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El hecho de que cada día sepas que algo has hecho bien hace que termines el año sabiendo que mejor no lo has podido hacer. Y muy posiblemente te des cuenta de que estás cerrando un ciclo bastante distinto de lo que lo has empezado.

Ya no hablo ni de bien ni de mal, sino distinto. Y eso siempre será mejor a que nada cambie y te sientas estancada.

En fin, hasta aquí mi chapa de hoy que ha sido bastante larga. Me voy a descansar a ver si mejoro más pronto que tarde y me vea dándole a la zapatilla en breve, ¡Un abrazo!

Sarah Santiago

Periodista y deportista. Entrenar para mí es una necesidad anímica y física. Disfrutar haciendo cualquier deporte es el resultado por el cual muchos se sorprenden de mi pasión por él.

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