El placer de comer versus hacer dieta

Primera semana del año. Momento en el que todos piensan en ponerse a hacer dieta. Pues no es por llevar la contraria, pero ya estás fallando en el planteamiento.

Hey! Muy feliz año 🙂 Espero que me estés leyendo con la resaca más que superada (si es que la has tenido) y con el cuerpo listo para lo que se aproxima. La verdad es que no me gusta mucho todo lo que conlleva el cambio de año, no por nada, sino porque continuamente nos hablan de propósitos, de pedirle al 2017 una cosa u otra…

Y es que por una parte, soy de esas voces que opinan que no hace falta cambiar de año para proponerse nada, y menos algo beneficioso como puede ser empezar a hacer deporte. Por otra parte, también creo que si bien los años nos sirven como sistema para organizar ciclos, éstos no son responsables de las cosas que nos suceden, así que si queremos algo, mejor pensar cómo ir a por ello antes de pedirlo.

Dicho esto, empiezo con un tema muy controvertido donde los haya: el de nutrición y peor aún, el de hacer dieta. Estoy segura de que puede generar ampollas entre quieres llevan en la boca las palabras “sacrificio”, “resultados” seguidas de “hacer dieta”, pero mi intención no es hacerle creer a nadie que tengo razón, sino exponer mi forma de ver la vida, un punto de vista más.

hacer dieta versus placer de comer

Hice dieta y esto fue lo que pasó

Cuando el 2012 empecé el blog era de las que hacía dieta. De las que contaba calorías y las metía en MyFitnessPal; de las hacía cambiaba recetas tradicionales metiéndole claras de huevo a todo; de las que comía piña con atún para después de entrenar sino un batido de proteínas.

Y la verdad es que me fue muy bien, de un año para otro habría bajado un 6% mi porcentaje de grasa y se notaba un montón, a pesar de que no llevaba una dieta de esas que eliminaba por completo el pan ni hacía una “comida trampa” a la semana. Lo mismo me hacía un día trampa entero (con mesura) y sí que comía carbohidratos a menudo, eso sí, pesados en la báscula y que encajara con mis macros.

Estuve un par de años así y aunque sentía que progresaba bastante, sobre todo a nivel de rendimiento en mis entrenamientos de fuerza, no llegué nunca a tener los abdominales de Michelle Lewin.

Seguí comiendo sano sin la agonía de tener que medir ninguna zona de mi cuerpo
Lo sé, lo sé, había mucho que ajustar para conseguir ese objetivo, pero a más controlaba mi alimentación más me daba cuenta que, en el fondo, no quería hacer lo que había que hacer para llegar a eso.

Me refiero a ese “sacrificio” del que hablan los que sí pueden lucir esos objetivos estéticos que tanto se persiguen hoy en día y que se fomentan, sobre todo, a través de las redes sociales.

Esos años me sirvieron para saber lo que no quería y para caer en la conclusión de que entendía el deporte de una manera distinta y tal vez simplista: sentirme bien. No todos vivimos de nuestro cuerpo, no todos estamos hechos para asumir ese rol o entender una parte de nuestras vidas como un sacrificio, y es que en la vida ya hay dolor más que suficiente.

Muchos tenemos vidas normales, con trabajos de 8 horas y una vida social que atender fuera de casa (lo que implica no poder pesar la comida siempre).

Así que desistí de contar calorías. Dejé mi cuenta de MyFitnessPal muerta de risa y lo que pasó es que seguí comiendo sano, esta vez sin la agonía de tener que medir ninguna zona de mi cuerpo. Para mi fue como ser un poquito más libre.

hacer dieta versus placer de comer

Descubrí el placer de comer sano

Abandonada la etapa de obsesión por los números que daba mi cuerpo, no me entregué a comer como una loca todo lo que pillaba. En la transición me llevé conmigo la nutrición que había practicado todo ese tiempo. Para resumir se trataba (y se sigue tratando) de:

  • Adiós azúcar: si antes no concebía empezar la mañana sin cereales, ahora es otro cantar. Empiezo el día con fruta, tostadas con hummus, aguacate, tomate… pero así con todas las comidas. Entendí (con escándalo) que el problema no eran las grasas, sino este nutriente onmipresente en casi todos los productos envasados que compramos. No significa que me haya vuelto una talibana del “sin azúcar”, pero lo evito. 
    Renunciar a la palatibilidad es una forma de dejar de disfrutar del camino de cuidarse.
  • Platos simples acompañados de mucho verde: para comer sano no hay que pasarse horas en la cocina. Aprendí que el secreto está en las especias cuando me hago un filete a la plancha con verduras y patatas al horno.
  • No comprar cosas que en realidad no quiero comer: esto es fácil si vives sola o con alguien que come como tú, pero me di cuenta que tener el enemigo en casa es sabotearse. Por eso cuando se me antojaba algo y era irremediable, lo mejor era hacer el esfuerzo de bajar a por ello en vez de abrir la nevera y tenerlo.
  • Informarse de lo que me estoy llevando a casa: la manía de leer etiquetas no se me quita ni hoy. Y es que nos siguen vendiendo gato por liebre y muchas veces lo que nos parece “sano” no lo es. Esto hace que se nos quiten las ganas de ciertas cosas y escojamos las mejores o dicho de otra manera, las más nutritivas.
  • Comer es un placer y en muchos casos, un privilegio: renunciar a la palatibilidad (grado de agrado de un alimento para el paladar) es una forma de dejar de disfrutar del camino de cuidarse. Además, podemos decir que en los países desarrollados no nos alimentamos para sobrevivir, y mientras eso siga así, disfrutemos de los alimentos que tenemos disponibles. Ser conscientes de esto, nos cambia la perspectiva a ser menos “tiquismiquis” con lo que nos ponen delante.

Lo único que no cambió en esta transición era que seguía haciendo deporte, sobre todo, mi trabajo de fuerza en el gimnasio (lo de correr, vino después), y también entendí que llevar una vida activa invita a comer sano y viceversa. Pero son menos los ejemplos de personas sedentarias que llevan una dieta sana.

Esto me reafirma en la idea de que el placer de comer sano va acompañado de ejercicio, y cuando tengo una época de inactividad (ya sea por falta de organización o porque no me encuentro en condiciones) es más fácil que caiga en una mala alimentación.

hacer dieta versus placer de comerhacer dieta versus placer de comer

Leer sobre nutrición fue fundamental

Aquí va el motivo por el que se me ha ocurrido tratar este tema. Durante estas navidades, además de zampar algunos postres caseros (no me gusta el turrón ni los mazapanes) también he estado devorando el libro “Comer y correr” de Julio Basulto y Juanjo Cáceres (que de paso recomiendo para corredores de todos los niveles).

No es el primer libro de Basulto (dietista-nutricionista) que leo. Tampoco de los primeros sobre esta temática, ya que por mis manos han pasado todo tipo de bibliografías: desde la de dietas milagro como la de los grupos sanguíneos a las de ayuno intermitente o paleo. Dice Stephen King que hay que leer de todo para entender lo que no debes hacer (y lo que sí, añado yo).

Comer es más sencillo de lo que nos quieren hacer creer
Mi conclusión es que comer es más sencillo de lo que nos quieren hacer creer y eso no lo digo yo, lo demuestra la ciencia. Si lees cualquiera de los libros de Julio Basulto entenderás en qué se basa una alimentación sana, que no es lo mismo que “comer de todo”.

También te das cuenta de que nos bombardean de publicidad sobre muchos productos y suplementos que no han demostrado su eficacia y peor aún, tampoco han demostrado que son inofensivos para la salud pública.

Hice mi vida más sencilla, menos obsesiva con los números
Y, entre tras muchas más cosas, leyendo sobre nutrición de la mano de dietistas-nutricionistas, caes en la conclusión de que han generado en nosotros una ficticia necesidad de consumir ciertas cosas para estar o parecer más sanos, que da absoluto miedo. ¿Ejemplo? Todo lo que se presente como un alimento o producto capaz de “purificar”, “desintoxicar” o “limpiar” está incurriendo en una mentira como una casa.

Resulta sorprende la infinidad de mecanismos que tiene el cuerpo humano para que estos procesos que acabo de nombrar se den, de forma natural y no necesite ayuda externa. También es grandioso conocer los propios procesos a los que recurre el organismo para autoregularse, para que que nadie con una dieta sana y equilibrada necesite suplementos vitamínicos, ni nada de esa índole.

hacer dieta versus placer de comer

Conclusión

Si tuviera que resumir en una palabra esta evolución en la que pasé de hacer dieta a comer sano con placer sería: simplificar. Hice mi vida más sencilla, menos obsesiva con los números y sobre todo, empecé a disfrutar tanto de comer sano como de cuando no lo hacía, como por ejemplo en estas fechas navideñas que he comido mucho fuera de casa y ajustándome a los menús que hemos tenido en casa.

Si echo la vista atrás, recuerdo que en anteriores navidades me privaba mucho de comer ciertas cosas que me gustaban; hacía más deporte para contrarrestar (ya que no he dejado de hacerlo ni estando de vacaciones) y pegaba un “volantazo” cuando acababan las fiestas y volvía a la rutina haciendo una dieta más estricta para quitarme ese par de kilos con los que los españoles llegamos a enero.

Ahora nada que ver, he comido en Nochebuena y Nochevieja lo que he querido, pero sinceramente no me he pesado para saber si esos dos días han afectado a mi peso o no.

Sin duda y ya para acabar la chapa, todo lo que te he contado ha sido un proceso donde la clave estuvo en ir probando cosas hasta dar con lo que me gustaba, dicho de otra manera, en conocerme a mi misma y ser sincera: ¿quiero esto para mí? Hoy sé que no y vivo tranquila controlando mi alimentación en su justa medida: para seguir progresando en el deporte y sin renunciar a los placeres de comer.

Sarah Santiago

Periodista y deportista. Entrenar para mí es una necesidad anímica y física. Disfrutar haciendo cualquier deporte es el resultado por el cual muchos se sorprenden de mi pasión por él.

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