Mud Day Sevilla 2015

No quería que pasaran muchos días para escribir la crónica de una carrera que no paraba de sorprendernos a cada paso que dábamos. Así vivimos Mud Day Sevilla 2015.

Como muchos sabréis por lo que contamos en redes sociales, nuestra camino hacia el Mud Day Sevilla empezó en Málaga, ciudad a la que nos hemos mudado hace una semana. Salimos de trabajar y nos dispusimos a coger el coche cuando vimos que no se abría con el mando… ¡al principio ni siquiera con la llave! A las 20 horas de un viernes, en una ciudad que aún no conocemos bien, la batería de nuestro medio para llegar a Sevilla había muerto.

Ya estábamos diciendo de volver a casa cuando y perdernos la carrera levanté la mirada y vi que a 50 metros teníamos un taller de coches. Tuvimos suerte que aún estuviera abierto y que encima ¡tuvieran baterías! Así que nos lo cambiaron muy amablemente y nos pusimos en marcha. Dos horas por delante para llegar al hotel que teníamos en Alcalá de Guadaíra.

Entre una cosa y otra llegamos a las once de la noche a nuestro destino y ya estábamos riéndonos del día que habíamos tenido cuando la luz de la habitación que nos dieron no paraba de apagarse. Por lo visto se había roto la caja donde encaja la tarjeta de la habitación, así que tuvimos que llamar a Recepción para que nos cambiaran de habitación. Murphy no para de aparecer en nuestras vidas… por fin a eso de las doce y media pudimos irnos a dormir.

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La noche antes a la carrera

Había muchísimo ambiente de fiesta, no parecía que estuviéramos a punto de correr una carrera, ¿dónde estaban los nervios?
No sabíamos la tanda en la que salíamos a correr, ya que nos daban los dorsales en el evento. Así que recogimos nuestras cosas a las 9.30 para estar en la carrera a las 10. Desde el Hotel Sandra (donde pasamos la noche) hasta la carrera tan solo había 12 minutos en coche, así que llegamos sobradamente a tiempo.

De entrada pudimos ver que había bastante parking y por suerte aparcamos muy cerca de la entrada. Había muchísimo ambiente de fiesta, no parecía que estuviéramos a punto de correr una carrera, ¿dónde estaban los nervios? Recuerdo que en mi primera carrera de obstáculos me entró mucha preocupación porque no paraba de ver corredores medio heridos o siendo atendidos por sanitarios, me preguntaba dónde me había metido, aunque luego no fue para tanto.

En Mud Day Sevilla veías corredores bailando y saltando, y a la hora a la que fuimos no vimos a nadie embarrado, ya que justo cuando estábamos calentando para correr había llegado el primer mud guy ganador de la tanda crono.

Guardamos nuestras maletas en el guardarropa sin esperar ni un minuto y nos dispusimos a calentar. A mi me costó un poco quitarme la sudadera ya que, a pesar de que brillaba el Sol, se notaba el fresquito de por las mañanas, no obstante, el speaker animó el cotarro con una serie de ejercicios individuales y en pareja para entrar en calor. Ahora sí que sí, estábamos en la línea de salida y teníamos por delante 13 kilómetros y 22 obstáculos que superar.

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La carrera

Salimos bastante animados y con una única misión: pasarlo más que bien, sin ánimo de hacer ningún tiempo ni nada por el estilo. Es una de las cosas que nos gustaba de la carrera, que no había tiempo. Pero lo que nos sorprendió desde el primer minuto en el que empezamos a correr fue el paraje que nos rodeaba: parecía que estábamos en plena sabana africana, con sus grandes rocas, árboles y terreno tanto llano como elevado, no faltaba detalle.

Lo que nos sorprendió desde el primer minuto fue el paraje que nos rodeaba: parecía que estábamos en plena sabana africana
Empezamos traspasando un par de muros, bastante altos por lo que me tuvo que echar un cable Víctor. A cada tramo nos topábamos con divertidos mensajes de la carrera: “Mi abuela corre más rápido” o uno que me hizo mucha gracia: “Quedan 5 kilómetros” y al girar la curva “Ups perdón, quedan 8 kilómetros”.

A los 15 minutos de carrera me empezó a doler muchísimos los dos oídos. Ya lo comenté en este post, es una cosa que me pasa siempre que hace viento y estoy o bien nadando en exteriores, corriendo o yendo en bicicleta. El dolor es insoportable sino tapo mis oídos y siempre va a más, así que al principio de la carrera sufrí mucho y pasó un tiempo hasta que se me quitó del todo.

Aunque ya lo esperábamos, nos sorprendió la variedad de obstáculos: saltamos muchísimos montículos de baja; nos arrastramos bajo trincheras con bastante agilidad gracias a que teníamos barro de sobra; también tuvimos que correr un tramo atados de la muñeca a nuestro compañero o a nuestro grupo; hubieron muchas cuestas, algunas con redes por lo empinadas que eran.

Tuvimos un primer avituallamiento de agua y, justo después, el obstáculo que más nos hizo temer: el baño de agua con hielo. Daban ganas de saltárselo porque las caras de los que salían de ellas eran de puro sufrimiento. Encima nos enfriamos un poco en la espera para pasar el obstáculo y antes de que nos tocara entrar vimos a una chica que la sacaron los sanitarios para atenderla ¡qué miedo! Víctor, sabiendo que me estaban doliendo los oídos por el viento, me dijo: “Si quieres no lo pases” y yo dije que no, que si él lo pasaba yo también 🙂 Al final no fue para tanto, lo peor fue meter la cabeza y nada más salir me puse a sprintar porque solo sentía agujas en mis piernas y tenía la esperanza de que los dedos de mis pies volvieran a la vida…

Nos encontramos con un descomunal avituallamiento: fruta cortada como manzanas verdes, plátanos, peras y riquísimas naranjas. Además, agua y Red Bull. Sí, dije Red Bull.
A los pocos minutos nos dimos cuenta que el baño de agua fría nos sentó de lujo, como renovados, y fue ahí cuando nos encontramos con el obstáculo con descargas eléctricas. Víctor no lo pasó porque se desaconsejaba desde la organización que lo hicieran las personas con problemas cardíacos. De todos modos, las descargas no eran muy fuertes, sino como pellizcos.

Después de una serie de obstáculos rompepiernas como las cuestas a 85 grados de subida, nos encontramos con un descomunal avituallamiento: fruta cortada como manzanas verdes, plátanos, peras y riquísimas naranjas. Además, agua y Red Bull. Sí, dije Red Bull. Yo no soy nada amante de las bebidas energéticas, así que me puse a comer 3 gajos de naranja y beber agua, y no veas cómo de bien me sentó reponer.

Justo después escalamos un par de estructuras de maderas y continuamos avanzando hasta unos obstáculos de equilibrios y de cargar a tu compañero a la espalda, que como comprenderéis, Víctor me llevó a mi en todos los tramos porque si nos llegamos a cambiar nos quedamos en el sitio…

A esas alturas ya llevábamos más de la mitad de la carrera hecha e íbamos muy bien de ánimos, aunque a Víctor le empezó a doler mucho los pies porque se le habían formado bolsas que rápidamente pasaron a convertirse en heridas a viva piel. A pesar de que llevaba unos buenos calcetines, cada vez le dolía más, así que en los tramos más difíciles nos poníamos a caminar.

Antes de terminar tuvimos que afrontar un curioso obstáculo que consistía en meterse dentro de un tubo y, al salir por él, caías en el agua. Pues bien, algunos se metían hacia atrás y otro se arrastraban de manera frontal. Yo cabía perfectamente hacia atrás, pero podía darme la vuelta dentro del tubo, al final me encontré con que la caída era muy alta y era en uno de esos momentos en los que quería dar marcha atrás y no saltar jaja pero al final caí de pie y tampoco fue para tanto.

Después de los monkey bars, de la escalera con la que desafías la gravedad y un montón de montañas de barro y agua que superar llegamos a meta. Una preciosa placa al estilo militar en el cuello, una camiseta muy chula con la que presumir de haber superado este reto, unas cervezas ¡y más fruta! para celebrarlo.

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Postcarrera

Casi nos cambia la cara cuando no encontrábamos las duchas ¡pensábamos que no habían! y nos quedaban dos horas de coche por delante para volver a Málaga. No estaba muy bien señalizado al terminar la carrera, pero finalmente dimos toda la vuelta hasta la zona donde habíamos hecho el calentamiento y las vimos.

Estaba atestado de gente y tampoco me di cuenta de que me estaba metiendo en la zona de duchas de los hombres cuando alguien se acercó a decírmelo [vergüenzas]. No me esperaba que hubiera zonas separadas por sexo ya que tampoco lo había visto en otras carreras de obstáculos en las que he asistido (otro punto para el Mud Day). Además, de las mangueras salían abundante agua a presión, no tuve que esperar nada porque habían mangueras de sobra.

La fiesta seguía después de la carrera, con un DJ, mucha gente sobre la pista y cerveza a mansalva. También supe que por la noche había fiesta en una discoteca en Sevilla, pero nosotros teníamos que irnos a Málaga a acomodarnos para ver El Clásico y descansar.

La conclusión es que vivimos una carrera que repetiría y recomendaría sin pensar, sobre todo, para quienes esperan hacer su primera carrera de obstáculos o pasar un buen rato haciendo lo que nos gusta: correr y vivir experiencias nuevas. Tal vez para quien esperó darse mucha caña o retar sus capacidades física, esto fue un paseo.

Mil gracias a la organización del Mud Day Sevilla porque vivimos una mañana de verdadera fiesta en clave deportiva.

Aquí os dejo el vídeo de la carrera:

Sarah Santiago

Periodista y deportista. Entrenar para mí es una necesidad anímica y física. Disfrutar haciendo cualquier deporte es el resultado por el cual muchos se sorprenden de mi pasión por él.

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