Media Maratón Las Galletas 2016

Una experiencia y una crónica que tenía que llegar. Es una realidad que el corredor popular afronta tarde o temprano: no todas las carreras se terminan con las ganas de sacarte una foto tras cruzar la meta

¿A qué sabe la derrota cuando compites contra ti mismo? Después de una semana de haber corrido la media maratón de Las Galletas (Tenerife) puedo contestar esa pregunta sin que se me haga un nudo en la garganta o se me empañen los ojos.

He esperado todo este tiempo para hablar de ello porque necesitaba asentar lo que me había pasado en esa carrera. Todo lo que se me pasó por la mente y lo que había fallado para que mis piernas dejaran de responder a partir del kilómetro 11. Pero no me adelantaré, iré por partes.

Camino a mi tercera media maratón

El 2 de abril se celebró la media maratón de Las Galletas (Tenerife). Impulsada por las ganas de correr la primera carrera popular del año, me apunté a ella junto a un familiar para que mis piernas disfrutaran de los que sería mi tercera media distancia.

La última había sido precisamene en Tenerife, y fue una celebración a la vida. A pesar de todo lo que conlleva mudarse de ciudad, llegué cansada a esa carrera, pero la disfrute al mil por mil. Tenía la intención de que Las Galletas fuera otra fiesta más al deporte y a la suerte que tiene una de moverse.

Las horas previas a una media maratón suelen ser bastante excitantes, pero en esta ocasión no sentía nervios ni nada por el estilo. Estaba contenta, descansada y con ganas de afrontar la carrera. Además, llevaba toda la semana visualizando la meta y eso siempre es buena señal, al menos la mente está preparada para acabar.

A menos de 24 horas, recogí mi dorsal en la mini feria del corredor de Las Galletas. La bolsa dejaba muchísimo que desear a tenor de lo que he visto en otras carreras y del precio del dorsal (18€). Una gorra amarillo chillón, una camiseta de la carrera y una riñonera. La verdad es que, al margen de mi experiencia personal, no es una carrera atractiva para el corredor, y tampoco sabes muy bien a dónde se va el dinero del dorsal… pero bueno ese es otro percal que se aleja de lo que quiero explicar 🙂

media_maraton_tenerife

La foto ritual, todo listo la noche anterior.

Esa tarde vi parte del recorrido de la carrera y los nervios se dejaron sentir. Se trataba de largas líneas rectas en asfalto donde lo único que veías a tu alrededor eran plantaneras y campo. Era una carrera más mental que otra cosa y el buen tiempo que siempre hace en la isla no iba a ayudar a que los kilómetros pasaran rápido.

Para más despropósito, esa semana tuve la mala suerte de que mi acompañante no iba a poder correr la carrera conmigo, así que me tocaba afrontar los kilómetros sola. Que no iba a ser la primera vez, pero oye una carrera en buena compañía no tiene punto de comparación con ir forever alone.

Primeros metros tras la línea de salida.

Los primeros 10 kilómetros

Cuando me preguntan cómo me fue en esta media empiezo diciendo que mis primeros 10 kilómetros fueron geniales. Los hice en 10,02 y a pesar de que la carrera comenzó con unos tediosos 4,5k de falso llano, me sentía pletórica para dar una vuelta más al recorrido y completar los 21k.

Pero esa sensación desapareció pronto.

A eso del kilómetro 11 sentí algo extraño en el estómago. Un vacío que no era como la sensación de hambre cuando se acerca la hora de comer. ¿Se parecía eso al famoso muro del kilómetro 30 en la maratón? No lo sé, pero lo que viví a partir de ese momento fue puro y duro sufrimiento.

Mi cuerpo se ralentizó. Por más que apretaba los dientes mis piernas no respondían. A esa extraña sensación de que mi mente iba por un lado y mi cuerpo otro, se sumaron otras molestias: los hombros muy cargados, adormecimiento de la rodilla derecha… y no era consciente de lo peor a poco menos que la mitad de la carrera.

21k_las_galletas_tenerife

Momento en el que completo la primera vuelta (10K).

La frustración

En un momento dado, iba a ritmo cochinero cuando un tipo me adelantó. De repente me sentí bastante sola y miré para atrás. En esa solitaria carretera no había nadie. De pronto se acercó Protección Civil y se puso a mi altura. Le pregunté si era la última, me confirmó que sí.

Entonces se me cerró el pecho, se me cortó la respiración y rompí a llorar. Esa fue la tónica en varios tramos de la carrera ante la impotencia de no poder remontarla, de sufrirla, pero de necesitar acabarla al mismo tiempo.

Los kilómetros fueron cayendo muy lentamente. A veces me paraba para caminar unos pocos pasos porque el hormigueo de la rodilla no paraba sino lo hacía. Miraba el reloj continuamente, sabía que el tiempo máximo para acabar los 21k era dos horas y media y sabía que, al menos, podría entrar dentro de tiempo.

Para mí ya era suficientemente doloroso comprobar que no estaba disfrutando esa carrera
Un Guardia Civil en moto se unió a mi mala marcha para preguntarme si estaba bien. Le confirmé que sí, y me acompañó durante todo el camino. Me quedé con las ganas de agradecerle la compañía al llegar a meta (espero que de alguna manera le llegue mi profundo agradecimiento desde aquí).

 

Lo único que pensaba en todo momento era acabar. Subirme a una moto o a uno de los coches de Protección Civil no eran opciones a pesar de que me las habían ofrecido. Para mí ya era suficientemente doloroso comprobar que no estaba disfrutando esa carrera.

Finalmente llegué. Tras 2 horas y 18 minutos crucé la línea de meta entre aplausos y escoltada por el Guardia Civil y parte de las voluntarias que no paraban de lanzarme palabras alentadoras. Aguanté la emoción hasta que me aparté a un lado con mi familia…

¿Por qué te pusiste así? Las expectativas en el deporte

Justo después de la carrera me di un baño en el mar. Ese momento de llegar y meterme en el agua era algo que también iba pensando mientras corría. El baño de la gloria era mi mayor recompensa a pesar de todo.

Del deporte se espera experimentar más triunfos que derrotas
Metida allí dentro me senté en las piedras a desahorgarme. Cuando cuento a corazón abierto lo que supuso esta carrera para mí, muchos me preguntan por qué me puse así, pero no es fácil de explicar.

 

Del deporte se espera experimentar más triunfos que derrotas. De hecho, las derrotas no se comparten, mucho menos en redes sociales que son la ventana a nuestra mejor versión. Los más expuestos no se pronuncian cuando pierden, y algunos cierran sus cuentas cuando se ven abrumados por la cara B del deporte.

No me puedo comparar con un deportista de élite ni nada parecido, pero el deporte lo vivo con muchísima pasión. Y esa es una explicación de por qué me dolió tanto no haber estado a la altura de mis propias expectativas.

Media-maraton-Las-Galletas

Tras la línea de meta… .

Lecciones de mi tercera media maratón

Desde una perspectiva más analítica, y tras hablar con mi preparador físico, me di cuenta que mi fallo fue la alimentación durante las horas previas. Tenía que haber comido más y mejor. Y además, tenía que haberme llevado algunas pasas o gel para darme un chute de energía, algo que dejé de hacer en esta carrera solo por probarme. Esta claro que tenía que haber hecho ambas cosas, porque un gel no arregla nada si no has llenado las reservas las horas previas.

Una lección aprendida que es lo que cuenta.

Si lo has dado todo, si no te has dejado nada dentro, entonces date por satisfecho
Otra cosa que me repiten de continuo es que recuerde que acabé la carrera, y es cierto. Tal vez infravaloro mucho el hecho de haberlo hecho, pero sé que no es una idea que me llena. La mente tiende a intensificar lo malo y obviar lo bueno. Sin duda, es una lección que uno también debe aprender: si lo has dado todo, si no te has dejado nada dentro, entonces date por satisfecho. En mi caso, me vacié (y nunca mejor dicho) y además, tiré de fuerza mental para acabar, aunque me llevé el disfrute por delante.

 

Dentro de esta experiencia hay dos cosas que me alegran un montón. La primera es haberla vivido, porque la vida me está enseñando que perder es necesario, se aprende más, se crece de golpe. Forma parte de la vida y tengo la suerte de no tener la vergüenza de compartir este sentimiento en mi blog o con quienes me conocen.

La segunda cosa que me alegra infinitamente es que tengo una fuerza infinita para afrontar con mucha más cabeza y trabajo la próxima media maratón que tengo planeada: Media Maratón de Santa Cruz de Tenerife el 12 de noviembre.

Perder es necesario, se aprende más, se crece de golpe
Este mes de abril me lo tomaré de vuelta de contacto a correr. De hacerlo por placer, sin llevarme el reloj conmigo con el fin de volver a disfrutar de cada zancada. Mientras sigo con mis entrenamientos funcionales para seguir a tono de cara al resto de carreras que tengo hasta noviembre: carreras de obstáculos como la Infinity Xtreme o la Cochinero Challenge y puede que alguna de Xletix, ya que han cancelado la que se celebran en Málaga, pero aún siguen en pie las previstas para el resto de España.

 

En fin, espero que esta crónica sirva para ver que en esto del deporte no siempre se llega a meta con la fuerza suficiente como para sacarte una foto brincando. De hecho, como habrás podido comprobar, no tuve ganas de sacarme ninguna foto después de esta media maratón 🙂

Sarah Santiago

Periodista y deportista. Entrenar para mí es una necesidad anímica y física. Disfrutar haciendo cualquier deporte es el resultado por el cual muchos se sorprenden de mi pasión por él.

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