Gordofobia, el día que me creí su discurso

Dicen que el peor ataque es aquel que no se percibe como tal. Creo que es una buena frase para resumir lo que hay detrás del discurso de la gordofobia.

Cuando empecé a cocer este post en mi cabeza, pensé en hablar de la gordofofia sin más. Ya sabes, ese temor a engordar o rechazo absoluto hacia a las personas con sobrepeso en la sociedad en general, no sólo dentro del fitness. Sin embargo, a más leía sobre el tema, más me daba cuenta de lo delicado que es y de cuánta matización necesita para no caer en lo que se cae continuamente: el reduccionismo.

El reduccionismo del que hablo es aquel en el que se queda con el mensaje de que la gordura es subjetiva. Que uno se puede sentir (o no) gordo, así que el drama acaba ahí.

De esta manera zanjó en su día Cristina Pedroche la pregunta que le hizo Risto Mejide sobre si estaba gorda. Como es lógico, este maravilloso artículo de El Diario no había pasado por mis manos, pero entonces tal cuestión me chirrió. ¿Qué contestaría cualquier persona que le hicieran esa pregunta en público? Incluso a riesgo de sentirse atacada, seguramente algo como lo de la Pedroche, “Para mí, no”. Al fin y al cabo, a nadie le gusta que dañen su orgullo y es una respuesta bastante diplomática y legítima independientemente de la mella que haya hecho.

Cabe preguntarse entonces qué es estar gordo. Responder esta tarea no es sencillo.

No me gusta tener que buscar respuestas en la RAE, el diccionario que le quitó el acento a “solo”, entre otros sinsentidos, pero es un acercamiento más al término. Según su edición online, hay más de 10 acepciones para definir “gordo”, y yo por quedarme con algunas, escogí las primeras:

  1. adj. De abundantes carnes
  2. adj. Muy abultado y corpulento
  3. adj. Que excede del grosor corriente en su clase. Hilo gordo. Lienzo gordo.

Abultado, corpolento, excesivo… expresiones que dejan mucho que desear a la hora de saber si una persona está gorda o se puede sentir como tal. Así que me he ido a la OMS (Organización Mundial de la Salud) para ver si arrojaba más luz al respecto. Ahí va:

El sobrepeso y la obesidad se definen como «una acumulación anormal o excesiva de grasa que supone un riesgo para la salud».

A riesgo de ser una bocazas porque no pertenezco al ámbito sanitario, algo me dice la clave de la frase está al final: “… que supone un riesgo para la salud”. Vamos, que en ningún momento habla de la estética de la persona, sino de su estado de salud, algo que no es fácil saber de una persona y que se aleja de los adjetivos que da la RAE.

gordofobia

El gordo, ¿nace o se hace?

Hace bastante tiempo vi un vídeo que se hizo muy viral en Facebook. Era de un tipo americano, que hizo una grabación (en vertical, por cierto…) desde su coche denunciando airadamente “lo miserables” que eran los gordos. Apelaba a la cantidad de dinero que gastaba el Estado por culpa de ellos para resolver el problema “de esa gente vaga e incapaz de controlar su apetito”. No me acuerdo si esas fueron sus palabras exactas, pero puedo asegurar que algo así podría ser lo más suave de todo lo que dijo.

El discurso era de lo más populista, y a pesar de usar un lenguaje tan violento hacia las personas con sobrepeso, muchísima gente lo compartió y se sumaban a la denuncia en los comentarios. Se lo creyeron.

Buscar ese vídeo me llevaría media vida, así que permíteme que me ahorre ese paso.

El mundo se divide entre quienes hacen las cosas bien y los que hacen las cosas mal
El caso es que según las redes sociales, el gordo no nace, se hace. Podría citar mil ejemplos al respecto porque es demasiado habitual leer artículos o ver vídeos de influencers y no tan influencers con cuerpos heteronormativos que opinan sobre este tema.

En el discurso se pasa por diferentes tramos en los que no suele faltar la compasión, como si a esas personas hubiera que perdonarles el hecho de estar así o sentir pena por ellas. Tampoco (y esto es lo que más se ve en el fitness) falla el momento de sacar pecho y soltar eso de que si quieres, puedes vivir de otra manera. Este momento es mi favorito, porque es cuando el discurso adquiere un tono inspirador, como si un estado que para muchos les supone un verdadero problema existencial acabara ahí tras engullir esas palabras.

Al final el mensaje termina calando aún más cuando esa persona que te está motivando a quitarte las carnes sobrantes de encima te dice que llegó a pesar más de 100 kilos y hoy es un exgordo (o exgorda).

Y cuando terminas de prestar atención al discurso, te das cuenta de un detalle cuanto menos incómodo: el mundo se divide entre quienes hacen las cosas bien y los que hacen las cosas mal. Y sí, también fui de las que se creyó eso.

gordofobia

El activismo del gordo

Puede costar una vida darse cuenta de que no hay bueno ni malo, hay perspectivas. De ahí que el reduccionismo no suele servir para explicar prácticamente nada en esta vida, y menos para que solo puede juzgar un médico, como es la salud.

Dicho de otra manera mucho más simple, hay personas a las que se les podría considerar “gordas” que están perfectamente sanas. Pero esto no es nada nuevo para nadie, ¿entonces por qué muchos se empeñan en demonizar el sobrepeso? A las pruebas me remito.

En un magnifico artículo de Yorokobu hablan de varios casos, pero este me llamó especialmente la atención:

La capitana de Orgullo Gordo critica que la vinculación de una sintomatología tan amplia con la gordura introduce un enorme riesgo para las personas con sobrepeso. Opina que, muchas veces, los médicos tratan de finiquitar con una dieta los problemas que, en el caso de los pacientes delgados, se abordarían con pruebas médicas más amplias. Según Weller, cuatro de cada cinco correos electrónicos que reciben exponen ese problema: «Gente que me dice que fue al médico porque se sentía mal y le mandó dieta, y luego resulta que tenía una intoxicación porque había estado aspirando amoníaco».

Me resulta muy siniestro que no me cause ninguna sorpresa saber esto, al final todo se resume en que si tienes sobrepeso, tienes o tendrás un gran problema y nunca mejor dicho.

Hay personas a las que se les podría considerar “gordas” que están perfectamente sanas
Puede que te estés preguntando cuál es mi postura con todo esto. Si es que de la noche a la mañana, la propietaria de este blog de fitness se ha metido en el activismo en pro de los gordos. No me digas que no sería una paradoja muy graciosa…

Lo cierto es que nada de eso. Primero porque no podría hablar en nombre de personas a las que no represento, ni creo que se vean representadas por mí. Pero sí defiendo a ultranza el no juzgar y mi rechazo total a que las personas del mundo del fitness que usan el discurso antigordos para diferenciarse del resto.

Quiero pensar que el que no está informado es porque no quiere o porque no tiene conexión a Internet, pero no podemos obviar que hay muchas personas “de abundantes carnes” (según la RAE) que llevan un estilo de vida más sano que el que aparenta delgadez o definición. Personas que hacen deporte a diario como las que más, y que se cuidan, con esto último me refiero a darse caprichos a menudo, ya que es una forma de quererse y vivir plenamente.

Sin embargo, el discurso antigordos está más en auge que nunca debido a que han salido muchas webs en las que los gordos dicen alto y claro lo encantados que están de conocerse y el orgullo con el que se miran al espejo. Ole por ellos, la actitud lo es todo en esta vida.

Una de las páginas que tiene ese tono “progordos” (por decirlo de alguna manera) y que me encanta es We Lover Size. Como ves el nombre lo dice todo y en él hay un sin fin de artículos en los que dan un buen repaso a los clichés que rodea el tema de los gordos: desde el de una gorda que folla mejor que una delgada porque puede ser su último polvo, hasta lo dramático que es ser gorda y tener pechos pequeños.

Pero como esta hay cada vez más. Por ello muchas voces se han levantado en forma de comentarios y vídeos que hablan de que se está haciendo apología a la gordura, y por tanto a una enfermedad.

Obviando el hecho de que las personas que piensan así aún no han caído en que estar entradito en carnes no siempre es sinónimo de enfermedad, yo me pregunto:

¿Hasta qué punto sentirse orgulloso de un cuerpo con sobrepeso significa hacer apología a una enfermedad?

La mala noticia es que no tengo respuestas, la buena es que tengo más preguntas y pensar ayuda a quemar calorías:

¿Está reñido aceptarse con el deseo de mejorar?

No diré que el ser humano es ambicioso por naturaleza porque la verdad es que aunque encuentre un estudio que lo diga, no me lo creería. Pero parto de la base de que es legítimo que queramos mejorar, independientemente de la condición de la que partamos.

Por eso, en este caso diré que ambos estados no deberían estar reñidos. Todos deberíamos empezar por querernos, por asumir cómo somos hoy y ahora para, a partir de ahí, construirnos. Se necesita más sinceridad con uno mismo que con el exterior y preguntarnos, ¿me hace feliz vivir como vivo? ¿soy más feliz haciendo dieta antes de llegar al verano o pasando hambre, que comiendo como lo he hecho hasta el momento?

No sé si te has dado cuenta de que, tras varias parrafadas, no he indagado mucho en la palabra “estética”. Y es que es curioso porque la estética es la vara de medir que utilizamos para decir que alguien está gordo, para rechazarlo o incluso todo lo contrario, para soltar eso de “a mi es que me gustan con carne”. La estética es una moda, depende de los gustos del momento y de la sociedad en la que vivimos y si hoy están de moda las curvis, quién sabe lo que tocará mañana.

Por último, no sé si hace falta decirlo, pero por si acaso lo diré. Desde aquí siempre he prodigado un estilo de vida que, en mi opinión, es sano. En el blog se encuentran muchas dietas, recetas fitness y entrenamientos para bajar de peso. Aunque parezca que he contribuido con esa idea de que unos hacen las cosas mejor que otros, no quisiera que se entienda como tal.

Que a título personal escriba sobre fitness no quiere decir que sea lo correcto, solo es una opción de entre muchos otros estilos de vida, y lo único que no creo que debería ser opcional es el hecho de movernos, puesto que que creo fírmemente que eso sí que nos hace felices a todos, incluso a los que aún no lo saben.

Sarah Santiago

Periodista y deportista. Entrenar para mí es una necesidad anímica y física. Disfrutar haciendo cualquier deporte es el resultado por el cual muchos se sorprenden de mi pasión por él.

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