El curioso caso de Josef Ajram

La semana ha sido muy agitada en redes sociales, las únicas que han demostrado no tener límites para lo bueno, en momentos puntuales, pero más frecuentemente para lo malo.

Los que seguís Yuufit sabréis que no hace mucho tiempo que descubrí a Josef Ajram y me leí su primer libro. Desde entonces empecé a seguirle de cerca por el interés que me suscita tanto a nivel deportivo, como de marca personal. Es increíble como la percepción general de la gente cambia hacia un hombre de carne y hueso, y se le empieza a ver como si fuera una marca del tamaño de la Coca Cola. Eso es un triunfo, no cabe duda, pero puede ir en contra de uno mismo y esta semana, quienes seguimos a Josef Ajram, lo hemos podido ver.

Ante todo, deciros que esto es una opinión personal, que bien puede ser rebatida o complementada por más puntos de vista. A mi Josef Ajram no me decepcionó, ni como marca ni como atleta. Y ojito, porque estamos hablando de dos facetas que hay que diferenciar bien, y que en gran parte de las críticas (muchas de ellas muy subidas de tono) no se ha sabido separar. Si bien es cierto, que el resultado de su marca personal es y ha sido su actividad como deportista. Pero eso no quiere decir que tengamos que meter todo en un mismo saco. Por eso, voy a ir poco a poco exponiendo mi opinión de lo que ha pasado.

“Las cosas hay que intentarlas dos veces”

Que “Las cosas hay que intentarlas dos veces” me desconcertó. Es una afirmación del propio Josef que podéis leer en su blog, justo antes de encaminarse al #RedBull7Islands. Como resumen, en el post nos contaba todo lo que ha supuesto este último año de preparación, y en el texto también se manifiestan los pensamientos que todo deportista tiene alguna vez en su vida cuando se enfrenta a un reto, y no lo hace por primera vez.

Su reflexión no la entendía, y a día de hoy sabiendo el resultado sigo sin entenderla. Mi pregunta es simple: ¿Por qué dos veces? Si tuviera que ceñirme a lo que la cultura popular del esfuerzo nos dicta, tendría que poner en ese texto que no importa cuántas veces fallas, tu oportunidad terminará llegando. Es un hecho estadístico, matemático, metafísico, como queráis llamarlo. Pero la incógnita continúa ahí.

Cuestión de expectativas

Siempre he dicho que hacer juicios es meterse en problemas. Es así. Quien tiene una mínima capacidad de autocrítica se da cuenta, tarde o temprano, que el juicio que ha emitido irá en su contra. La explicación es sencilla: no tenemos entrenada la empatía lo suficiente como para saber ponernos en la piel de quienes estamos llevando a nuestro juicio. Este es el caso.

Todos queríamos que Josef Ajram acabara el #RedBull7Islands y quienes no lo sentían así, ya han tenido su momento de gloria visto lo visto. Pero seamos coherentes, la inmensa mayoría de personas que nunca se ha sometido a una prueba de ese calibre, no deberíamos sentirnos decepcionados con él. No en ese aspecto, porque simplemente no sabemos lo que se vive, la presión a la que se está sometido y el trabajo no sólo físico sino mental (igual de importante) al que uno se tiene que preparar sobre todo, cuando ya ha abandonado anteriormente.

Señores, existe algo que se llama miedo, y que hablar de él parece un tabú en nuestra sociedad. El miedo a no llegar a la meta o a “romper” en el camino nos puede llegar a dominar, a pesar de los muchísimos kilómetros a nado, a bici o a trote que se hayan hecho en todo un año. Lo que demuestra que aún dándose las circunstancias externas perfectas para que Josef completara el evento, hay cosas internas que se pueden escapar del control de uno.

Ahora bien, las expectativas no se han superado y media España está enfadada y se toma la molestia de descargar su mala leche en los comentarios de su Facebook, Twitter e imagino que Instagram también, ni sé, ya que no tengo, pero me lo puedo imaginar. Siempre me he preguntado cómo es posible que la gente se tome la molestia de insultar por escrito, eso sí que es no saber apreciar su propia energía. Pero bueno al margen de eso, he estado pensando mucho de dónde viene tanto mosqueo y no es del hecho en sí de que Josef no haya superado la prueba, sino de lo que él mismo representa.

Yo me tomé la molestia de leer muchísimos comentarios de su recientemente cerrado Facebook (ahora hablaremos de eso) y de su Twitter, y llegué a la conclusión de que la gente ha confundido a Josef Ajram con la Coca Cola. Si la bebida más famosa del mundo siempre ha sido asociada a la Felicidad (véase manuales de publicidad), entonces el día que la gente deje de sentir esto bebiéndose una lata de Coca Cola le lloverán las mismas críticas que a Ajram por redes sociales.

El lema en este caso es el famoso “¿Dónde está el límite?” o “Where is the limit?” una frase, sin duda, muy inspiradora pero también insaciable. Entre los millares de críticas que ha recibido Josef estos días, he podido entender que la decepción/enfado/odio/ira ha sido más por lo que él mismo ha vendido como su lema, y que lógicamente, esa transacción no ha sido satisfecha por el público porque, como muchos apuntaron, “El límite está en las Islas Canarias”. Y esto, señores, es un problema de marca, no del atleta.

¿Realmente creéis que Josef Ajram (marca) ha vendido algo al 100% de las personas que lo han criticado? Yo me juego la melena que no. De hecho, compré su libro, pero internamente no siento que me haya vendido un lema. Y ojo, hay quien se ha puesto a hacer deporte, triatlones y demás por leerle a él, por ser una figura motivadora y sí, seguramente sean esos los fans que tienen más derecho a poner en duda su marca, pero por lo que he leído (y he perdido mucho el tiempo leyendo) son los que han sido más comprensivos con el resultado del #RedBull7Islands.

La decisión de cerrar Facebook

Aquí es cuando mi mente colapsó respecto a este tema. Yo al igual que muchos otros no nos pudimos creer que esta decisión se fuera a llevar a cabo. Hoy por fin pude leer en su blog por qué ocurrió, pero me sigue sabiendo a poco. En lo que respecta a la gestión de una marca, los motivos no me parecen sólidos o justificables es más da la impresión de que no se ha sabido manejar el desenlace y que se recurre a lo fácil, que es como siempre, el blanco más criticable socialmente.

También creo que este fue el momento en el que incluso la gente que le apoyaba terminó enfadándose. Y es que las redes sociales son un canal de exposición, y cuando dejas de tener presencia en él, estás dando la espalda a quienes te siguen y quienes esperan que estés al otro lado. Por eso, a tenor de su justificación que le era “imposible seguir los constantes comentarios que recibía”, me hubiera parecido más coherente que cerrara todas sus redes sociales. Porque lo más lógico es que ahora reciba todos los comentarios en su cuenta de Twitter.

Y me hubiera quedado con una sola justificación, aunque puedan haber muchas más. Porque de lo contrario, siempre damos la impresión de querer afianzarnos y parecer sólidos en nuestros argumentos, y a mi siempre me ha parecido lo contrario. Y es que decir que “le parece demasiado injusto que cualquier usuario pudiera recurrir al insulto” es aceptar ser marca, pero no aceptar la crítica, que por desgracia, no siempre llega de la mejor forma. Luego nos quejamos todos de falta de educación.

Esta última decisión no me pareció acertada y bajo mi punto de vista es la más criticable. Porque una persona que tiene más de 147.000 fans en una red social como Facebook, y más de 174.000 seguidores en otra, no debería pretender el atender a toda esa masa de gente de forma personal (esto también lo argumenta ante el cierre de su página de Facebook). Eso, sin contar su blog, que me he llevado la sorpresa hoy mismo de que también ha sido plataforma de innumerables críticas. Ahora apostaría a que el día de mañana, el curioso caso de Josef Ajram se estudiará en las escuelas de marketing y en el apartado de cómo gestionar una marca personal.

La captura está tomada de la página oficial de Facebook de Josef Ajram

Sarah Santiago

Periodista y deportista. Entrenar para mí es una necesidad anímica y física. Disfrutar haciendo cualquier deporte es el resultado por el cual muchos se sorprenden de mi pasión por él.

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