4 Excusas para no empezar a cuidarte (y soluciones)

A veces lo que nos falta es vernos reflejados en ciertas expresiones para darnos cuenta que tenemos un sin fin de excusas para no hacer lo que realmente queremos. Si te falta darte cuenta de esto y necesitas un “empujoncito” no te pierdas las siguientes líneas.

En el mundo del fitness y la nutrición hay muy pocas verdades absolutas. Estamos ante ciencias relativamente “nuevas” y cada vez salen más estudios que confirman y desmienten cosas que pensábamos que sabíamos y luego resulta que no. Pero una servidora lleva muchísimo tiempo escribiendo en este blog (desde septiembre de 2012), mandando newsletter, escuchando y leyéndote a ti que estás al otro lado de la pantalla y puedo asegurar con rotundidad dos cosas que he aprendido en todo este tiempo:

  1. Dan igual los millones de tablas de entrenamiento que hay en Internet, la cantidad de artículos que te dicen qué alimentos introducir en tu dieta para perder peso; la de recetas saludables para darle un plus de sabores a tus platos… todo eso no importa, sino trabajamos la disciplina antes que nada, seremos víctimas, una vez más, de la moda, la temporalidad y por ende, del fracaso de cuidarnos otro año más-
  2. A pesar de eso, todo el mundo quiere una guía, que diga qué comer exactamente, cuánto comer, a qué hora hacerlo, a qué no hacerlo, cuántas veces, cuánto entrenar para perder peso, cuánto no… y así, respuestas cerradas que no tienen sentido cuando no tenemos una base sobre la que construir unos buenos hábitos alimenticios.

Por eso tengo claro que para cada una de las excusas que voy a enumerar hay dos soluciones que pasan por trabajar la disciplina y por aprender a cuidarte.

Con esto último me refiero a aprender sobre nutrición, sobre lo que metemos en nuestras neveras, lo que ponemos sobre el plato de nuestros hermanos, hijos o sobrinos. Créeme, es más alarmante de lo que te puedes imaginar (véase azúcares añadidos de tablas nutricionales y todos los ingredientes que no entiendas qué son).

Resulta curioso que las mujeres aprendemos a cuidarnos antes la piel de la cara y el pelo que la belleza que empieza por dentro. No, no me refiero a la personalidad, sino a la que nos aporta los alimentos. Y muchos hombres, por desgracia, tampoco se quedan atrás. No saber cómo alimentarnos es un mal que debería arreglarse en casa o incluso en las escuelas, tal y como aprendemos matemáticas o gramática. Pero ese es otro debate, hoy voy a lo que voy, a meter el dedo en la llaga.

Excusa nº1: No soy como tú, soy muy vaga

Al igual que en la película del Violinista sobre el tejado, yo me pondría a cantar “If I were a rich girl” cada vez que me dicen que yo he sido bendecida con un don; aquel que me permite levantarme a las 7 de la mañana para ir al gimnasio cuando la temperatura marca cero grados en la calle.

Y yo siempre he pensado que mi único don era mover las orejas…

Estamos mal acostumbrados y queremos que nos digan que hace falta “motivación” para moverse
Lo cierto es que estamos mal acostumbrados y queremos que nos digan que hace falta “motivación” para moverse. Y cuando no la hay, pues nada, qué se le va a hacer. Así es como nos convertimos presas de “las ganas” que tengamos ese día, de cómo nos levantemos y tal.

Bueno, a mi no me gusta mucho la palabra “disciplina” ya que me evoca a “educación militar”, a aquel que no se desvía de su camino ni aunque le echen agua caliente. Yo digo que ni lo uno, ni lo otro, porque aquí nadie es olímpico… no, ¿no? 🙂

Hay que escuchar al cuerpo, saber identificar cuánto estamos intentando sabotearnos para hacer sofing y cuando necesitamos realmente un descanso. Aprendamos de nosotros mismos y corrijamos al cerebro vago que tenemos, porque sí, eso es lo único vago que tenemos, pero no te preocupes, es una cuestión de supervivencia. Tu cerebro busca ahorrar energía y por eso siempre preferirá el mando de la TV que tus zapatillas.

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Excusa nº2: No tengo tiempo

Era para tirarme tomates sino ponía La Excusa (con mayúsculas) en este top que me he montado yo solita. ¿Quieres que te cuente algo?

Es posible que estés leyendo a una de las personas más celosas de su tiempo que puedes conocer. Sí, podría garantizarte que así es. De hecho, cada vez voy a peor, cada vez quiero dedicarle menos tiempo a cosas que considero que no me aportan nada y más a las cosas que sí me aportan y a pesar de eso, cada vez siento que tengo menos tiempo para hacer todo lo que quiero hacer.

Pero a pesar de eso hay algo que nunca falta en la ecuación: mi momento para entrenar.

Ese rato no es negociable, no se puede comprometer, no porque estaríamos hablando de poner en juego mi bienestar, mi salud y el chute emocional que me da terminar el día habiendo cumplido con mi corazón.

Precisamente el orden de prioridades es lo que termina con la excusa del “no tengo tiempo”.

Y aunque puede que aquí sea el momento en el que: madres, padres, personas con cargas familiares o grandes responsabilidades laborales me tiren tomates, a mí solo me queda remitirles a personas que están en la misma situación que ellos y que incluso se preparan maratones, con todo lo que eso conlleva. Sí, haberlos, haylos.

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Excusa nº3: Cuidarse es caro y no está el horno pa’ bollos

Y menos mal que no está para bollos, porque comerlos sí que sale caro a la larga.

El tema económico es el más peliagudo y en el que menos me gustaría “meterme”. A menudo cuando ceno me topo con un anuncio de un chaval que sirve leche con agua a sus hermanos y no puedo dejar de sentir dolor cada vez que veo esa escena…

Por eso he pensando en muchas ocasiones que si tuviésemos más presentes estas realidades, seríamos más responsables con lo que compramos, con lo que tiramos y sobre todo, dejaríamos de pensar que para estar sanos tenemos que comprar productos especiales y por supuesto, caros.

Tenemos que tratar de comer sano en la medida que nuestra economía nos lo permite
Me refiero a todas esas modas de pastillas y productos enfrascados o envasados que ponen en su etiqueta “superalimento”, o “traído desde el Himalaya” por poner ejemplos…

Sí, sé que quien tiene para comprarse todo esto no tiene por qué sentirse culpable. Lo que me preocupa es que se venda la idea de que una persona es más sana por consumir todos estos productos que lo único que tiene como propiedades son un buen plan de marketing y nada más.

¿Conclusión? Por experiencia propia y por desgracia creo que comer sano sí es caro y también creo que no es algo que se dé porque sí. Aunque soy poco de teorías conspiranoicas, sí que leo mucho sobre la presión que ejerce la industria alimentaria para que sigamos consumiendo más productos y menos alimentos. Vender alcachofas sin un envoltorio no da tanto dinero que vender galletas con una foto de Mickey Mouse.

Tenemos que tratar de comer sano en la medida que nuestra economía nos lo permite, al final se trata de una inversión de salud: todo lo que te cuides hoy, te lo ahorrarás en pastillas mañana. Te lo digo en serio.

Excusa nº4 No encuentro el momento para ponerme

Esta excusa va muy en línea del no tengo tiempo, aunque en la ecuación introduce el factor “intención” del “quiero, pero no puedo” cuando es “quiero, pero no tanto”. Y yo la verdad es que no quiero ser dura, pero es una cuestión de empezar a ser responsable con lo que pensamos y lo que nos decimos, ¡de ser coherentes!

Me repito más que el ajo cuando te digo que todos hemos nacido con un tiempo limitado en esta vida, uno que a menudo olvidamos su valor cuando ponemos el piloto automático. No esperes a que ocurran cosas que te hagan aprender “a golpes” para cambiar, no esperes a poner en riesgo tu salud, hay formas agradables de empezar a cambiar tus hábitos.

Pregúntate de verdad si quieres o no invertir 1/4 de tu día en tu salud: si la respuesta es sí, empieza moviéndote y llenando la nevera de cosas nutritivas (fuera productos) y si es que no, no te preocupes, estás en tu derecho ¡faltaría más!

Y bueno, me doy por satisfecha si, al estar en alguna de estas situaciones (excusas), te has dado cuenta de que puedes cambiar. Por mi parte solo te diré que uno tiene más poder del que cree. El poder de elegir, de decidir qué hacer con una hora que tenemos al día, ¿vas a usar ese poder en tu propio beneficio? 🙂

Sarah Santiago

Periodista y deportista. Entrenar para mí es una necesidad anímica y física. Disfrutar haciendo cualquier deporte es el resultado por el cual muchos se sorprenden de mi pasión por él.

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